
Novela Corta·Ciencia ficción
Ecos de silicio
Yara Rajná
Cientos de personas se han quedado vacías en Neo-Tokio, y en el último recuerdo de todas aparece el nombre del hombre que repara recuerdos.
Frankenstein o el moderno Prometeo
Obra completa

“Una obsesión ciega desafía las leyes de la vida y engendra un horror inolvidable en la cumbre de la literatura gótica.”
Movido por una desmedida ambición científica y el anhelo de doblegar a la muerte, el joven suizo Víctor Frankenstein descubre el secreto de la animación vital y da forma a una criatura compuesta de restos cadavéricos. Sin embargo, en el instante preciso de insuflarle aliento, el pavor reemplaza a la gloria y huye de su propia creación. Rechazado por su creador y arrojado a un mundo hostil que lo condena por su grotesco aspecto, el engendro despierta a la soledad, el rencor y la venganza. Una estremecedora advertencia sobre los límites del conocimiento y la crueldad humana.
“Allí, Margaret, el sol es visible eternamente, con su ancho disco rozando apenas el horizonte y derramando un esplendor sin ocaso.”
“Acaso me juzgues romántico, querida hermana, mas siento con amargura la falta de un amigo.”
“Nos pusimos, por tanto, al pairo, aguardando que sobreviniera algún cambio en la atmósfera y el tiempo.”
“Yo tuve en otro tiempo un amigo, la más excelsa de las criaturas humanas, y me asiste, por ende, el derecho de juzgar en materia de amistad.”
“Soy ginebrino de nacimiento, y mi familia es una de las más distinguidas de aquella república.”
“Al nacer un segundo hijo, siete años menor que yo, mis padres renunciaron por entero a su vida andariega y se afincaron en su patria.”
“Al principio cedió a nuestras súplicas, mas al saber que la vida de su predilecta zozobraba, no pudo contener por más tiempo su desasosiego.”
“En parte por curiosidad y en parte por ocio, entré en el aula, a la que poco después hizo su entrada el señor Waldman.”
“Consagrado con tanta constancia, bien puede concebirse que mis progresos fuesen veloces.”
“Acumulé osamentas de los osarios y turbé, con dedos profanos, los tremendos arcanos de la fábrica humana.”
“Al cabo el cansancio sucedió al tumulto que antes había soportado, y me arrojé vestido sobre la cama, buscando algunos instantes de olvido.”
“Hallarás un hogar dichoso y apacible, y amigos que te aman con fervor.”
“Sí, sí —prosiguió, al observar mi rostro contraído por el sufrimiento—, el señor Frankenstein es modesto, excelente virtud en un joven.”
“Aquel dulce niño, cuyas sonrisas alegraban e inflamaban mi corazón, ¡tan dócil y al mismo tiempo tan alegre!”
“Nadie puede concebir la angustia que padecí durante el resto de la noche, que pasé, aterido y calado, al raso.”
“Dio comienzo el juicio y, una vez que el fiscal hubo expuesto la acusación, fueron llamados diversos testigos.”
“«Sí —dijo ella—, iré, aun cuando sea culpable; y tú, Víctor, me acompañarás; no puedo ir sola».”
“La sangre corría libremente por mis venas, mas un fardo de desesperación y remordimiento oprimía mi pecho, sin que nada pudiese mitigarlo.”
“Me elevaron por encima de toda mezquindad de sentimiento y, si bien no borraron mi congoja, la mitigaron y serenaron.”
“Por grados, recuerdo, una luz más viva hirió mis nervios, de modo que me vi forzado a cerrar los ojos.”
“Hallábase adosada a la parte posterior de la vivienda y cercada, en los costados expuestos, por una pocilga y un charco de agua clara.”
“Si criaturas tan hermosas eran desdichadas, menos extraño resultaba que yo, un ser imperfecto y solitario, fuese miserable.”
“Agatha le formuló una pregunta, a la que la extranjera solo respondió pronunciando, con dulce acento, el nombre de Félix.”
“El turco, asombrado y colmado de júbilo, procuró avivar el celo de su libertador con promesas de mercedes y riquezas.”
“«El camino de mi partida era franco» y nadie habría de lamentar mi aniquilación.”
“Me alcé de nuevo y, cobrando toda la entereza de que era capaz, retiré las tablas colocadas ante mi cobertizo para ocultar mi asilo.”
“Desperté exhausto y, advirtiendo que era ya noche cerrada, salí a gatas de mi escondite y fui en busca de comida.”
“Al verme, abalanzóse sobre mí y, arrancándome a la niña de los brazos, corrió presuroso hacia la espesura del bosque.”
“Estás en un error —repuso el demonio—; y en vez de amenazarte, me avengo a razonar contigo.”
“Me complace observar, mi querido hijo, que has reanudado tus antiguos pasatiempos y pareces volver a ser tú mismo.”
“Poseído de sombrías imaginaciones, crucé por muchos escenarios hermosos y majestuosos, mas mis ojos permanecían fijos y ciegos.”
“A menudo rehusaba acompañarlo, alegando algún compromiso, para permanecer a solas.”
“Henry procuró disuadirme, mas viéndome resuelto a semejante designio, depuso sus reparos.”
“¿Tenía yo derecho, en provecho propio, a infligir semejante plaga a generaciones venideras?”
“Procuré mudar de rumbo, mas advertí al punto que, de insistir en la tentativa, la embarcación se anegaría de inmediato.”
“Él echó a andar primero, llevando parte de los aparejos de pesca, y sus compañeros lo seguían a cierta distancia.”
“Su familia goza de perfecta salud —dijo el señor Kirwin con dulzura—; y alguien, un amigo, ha venido a visitarle.”
“Mi padre cedió al fin a mi deseo de rehuir el trato humano y pugnó, con diversos argumentos, por disipar mi desesperación.”
“Que se fije el día, pues; y en él me consagraré, en la vida o en la muerte, a la ventura de mi prima.”
“El viento, que había amainado en el sur, se levantó entonces con gran violencia en el oeste.”
“Se lo agradezco —respondí—; escuchad, por tanto, la deposición que tengo que haceros.”
“Me procuré una suma de dinero, junto con algunas joyas que habían pertenecido a mi madre, y partí.”
“Si muero, juradme, Walton, que no escapará: que lo buscaréis y satisfaréis mi venganza con su muerte.”
“Con todo, ¿podía, en justicia, o siquiera en posibilidad, rehusar semejante demanda?”
“Ninguna culpa, ninguna maldad, ninguna malevolencia ni miseria puede hallarse comparable a la mía.”

Novela Corta·Ciencia ficción
Yara Rajná
Cientos de personas se han quedado vacías en Neo-Tokio, y en el último recuerdo de todas aparece el nombre del hombre que repara recuerdos.

Clásico·Novela gótica
Bram Stoker
Cuando el conde Drácula abandona los Cárpatos hacia Londres, el terror ancestral cruza el umbral de la modernidad.

Clásico·Terror psicológico
Henry James
En una solitaria mansión inglesa, una joven institutriz descubre que los dos niños a su cargo guardan un secreto siniestro.
Obra de dominio público (1818). Texto: Project Gutenberg #84. La versión en español es una traducción asistida por IA y puede contener erratas. Edición digital de Inkora Stories. Más información