
Clásico·Novela de aventuras
La isla del tesoro
Robert Louis Stevenson
Un mapa secreto, un cofre olvidado y una peligrosa travesía hacia el tesoro que forjó el mito absoluto de la piratería.

“Todos los niños crecen menos uno: el muchacho indómito que arrastra a los hermanos Darling a los confines de Nunca Jamás.”
Una noche cualquiera, Peter Pan irrumpe en el cuarto infantil de los Darling en busca de su sombra perdida. Fascinados por sus relatos y ayudados por el polvo de hadas de Campanilla, Wendy y sus hermanos alzan el vuelo hacia el País de Nunca Jamás. En esa isla esquiva conviven los Niños Perdidos, fieros corsarios capitaneados por el temible Garfio y una libertad absoluta ajena al paso de las horas. J. M. Barrie tejió una fábula luminosa y sutilmente melancólica, donde la embriaguez de la eterna juventud roza el abismo irremediable de crecer.
“Vivían, como no podía ser menos, en el número catorce, y hasta que llegó Wendy la dueña indiscutible era su madre.”
“¡Oh, no, no es ningún hombre! —le aseguró Wendy con absoluta convicción—, y tiene exactamente mi misma estatura.”
“Debí haber andado con pies de plomo tratándose de un viernes —solía lamentarse ella después ante su marido, mientras acaso Nana se sentaba a su lado tomándole la mano.”
“Pasará enseguida, papá —le animó John con alegría; y en aquel instante entró Wendy sofocada con el jarabe servido en un vaso.”
“Campanilla —llamó en voz muy baja, tras cerciorarse de que los niños dormían a pierna suelta—; Campi, ¿dónde te has metido?”
“Pensé que querrías recuperarlo —dijo él con cierta amargura, disponiéndose a devolverle el dedal.”
“¡Sálvalo, sálvalo! —suplicaba Wendy, contemplando con horror el mar implacable allá abajo.”
“¿Les apetece correr una aventura ahora mismo —le preguntó con indiferencia a John—, o prefieren merendar primero?”
“Anda con cuidado, no sea que se te presente una aventura que, de aceptarla, te suma en la más negra desdicha.”
“¿Voy tras él, capitán —preguntó el patético Smee—, y le hago unas cosquillas con el sacacorchos Johnny?”
“¡Una dama que cuidara de nosotros al fin —gimió uno de los gemelos—, y la has matado!”
“Desde luego, en cuanto dominas el truco eres capaz de hacerlo todo sin pensar, y nada hay en el mundo más elegante.”
“Pero en cuanto los niños intentaban sumarse a la fiesta, tenían que jugar solos, pues las sirenas desaparecían en el acto.”
“Su rostro se había puesto cárdeno de rabia, pero vio que creían de veras en lo que decían y se quedó desconcertado.”
“Quiero... que... —repitió el ave empezando de nuevo desde el principio.”
“Papá sabe lo que hace —repetía invariablemente, fuera cual fuese su opinión privada.”
“Oh, mami —gritó el primer gemelo—, quieres decir que hay una dama todavía, ¿verdad?”
“Que este era el proceder habitual lo sabía tan bien Garfio que, al pasarlo por alto, no puede escudarse en el pretexto de la ignorancia.”
“Atados de pies y manos bien podían rodar cuesta abajo como barriles, pero la mayor parte del trayecto discurría a través de un pantano.”
“Mientras lo hacía evitó mirar al durmiente, no por temor a que la piedad lo desarmase, sino tan solo para no derramar una gota.”
“La fama, la fama, esa reluciente baratija: ¡es mía! —clamó para sus adentros.”
“Al principio le pareció siniestro, pero no tardó en concluir con acierto que al reloj se le había acabado la cuerda.”
“¡Peter Pan el vengador! —resonó la terrible respuesta; y al hablar, Peter arrojó la capa lejos de sí.”
“Aquellas palabras toscas y tajantes dieron en la nota que los marineros comprenden a la perfección, y le vitorearon con entusiasmo.”
“Y, George —le dijo ella con timidez—, estás tan lleno de remordimiento como siempre, ¿verdad?”
“¡Papá! —exclamó Wendy escandalizada; pero el nubarrón no se apartaba de la frente de él.”
“Creo que esta noche no veo nada —decía Wendy, con la sensación de que, si Nana estuviera presente, desaprobaría que siguieran charlando.”

Clásico·Novela de aventuras
Robert Louis Stevenson
Un mapa secreto, un cofre olvidado y una peligrosa travesía hacia el tesoro que forjó el mito absoluto de la piratería.

Clásico·Novela policíaca
Arthur Conan Doyle
Un fabuloso tesoro oriental, un pacto sellado con sangre y un enigma que pondrá a prueba el método de Sherlock Holmes.

Relato·Aventura
Tomás Errázuriz
Su maestro dibuja tierras que aún no existen; mañana zarparán para ver si el mar las inventa.
Obra de dominio público (1911). Texto: Project Gutenberg #16. La versión en español es una traducción asistida por IA y puede contener erratas. Edición digital de Inkora Stories. Más información