
Clásico·Novela policíaca
Las aventuras de Sherlock Holmes
Arthur Conan Doyle
En la niebla del Londres victoriano, el detective más brillante de la historia descifra lo imposible mediante la pura deducción.

“Un fabuloso tesoro oriental, un pacto sellado con sangre y un enigma que pondrá a prueba el método de Sherlock Holmes.”
Cuando la joven Mary Morstan recurre a Sherlock Holmes con una misteriosa herencia anual de perlas y una enigmática citación nocturna, el detective y el doctor Watson se ven arrastrados a una intriga de avaricia, venganza y traición. La investigación desentierra las sombras de un fabuloso tesoro robado durante la rebelión en la India y un pacto sellado entre cuatro presidiarios. Desde las lúgubres calles londinenses hasta una frenética persecución en las aguas del Támesis, Holmes deberá aplicar su implacable ciencia deductiva para desenmarañar un crimen tan exótico como implacable.
“Es cocaína —respondió—; una solución al siete por ciento.”
“Pues porque sabía con certeza que no había escrito ninguna carta, habiendo estado sentado frente a usted toda la mañana.”
“Me permitirá usted, sin duda, que me retire —dije levantándome de la silla.”
“Debo de ser muy torpe, Holmes, pero no alcanzo a ver qué insinúa esa noticia.”
“A sus pies, señorita Morstan —no cesaba de repetir con voz aflautada y chillona.”
“Registramos el jardín aquella noche, pero no hallamos huella alguna del intruso, salvo una pisada solitaria marcada en el arriate justo debajo de la ventana.”
“Hoy no ha salido de su cuarto en todo el día, señor Thaddeus, y carezco de instrucciones.”
“Hay algo diabólico en esto, Watson —dijo, más conmovido de lo que jamás le había visto.”
“Bueno, Watson —dijo Holmes frotándose las manos—, tenemos media hora para nosotros.”
“Bueno, bueno, si estaba cerrada las pisadas nada tienen que ver con el asunto.”
“La policía había traído un coche de alquiler, y en él acompañé a la señorita Morstan de regreso a su hogar.”
“¿Cómo, por ejemplo, pudo describir con tanta seguridad al hombre de la pata de palo?”
“Ha obrado según sus luces —dijo Holmes bajándolo del barril y sacándolo del depósito de maderas.”
“Me parece que nosotros mismos hemos estado a un pelo de ser arrestados por el asesinato.”
“En tal caso me acercaré a Camberwell a visitar a la señora Cecil Forrester.”
“Su amigo el señor Sherlock Holmes es un hombre prodigioso, señor —dijo con voz ronca y confidencial.”
“Creo que vamos ganando un poco de terreno —dijo Jones sin apartar los ojos del Aurora.”
“Bueno, Jonathan Small —dijo Holmes encendiendo un cigarro—, lamento que las cosas hayan llegado a este extremo.”
“Sí, lo puse donde jamás le pondrán la mano encima —gritó con aire de triunfo.”
“Por mi parte, solía quedarme en el exterior del portalón contemplando el río ancho y serpenteante y las luces titilantes de la gran ciudad.”
“Cualquiera que fuese el castigo que le aguardara, sentí que no debía esperar compasión alguna de mi parte.”
“Sin embargo, como dice usted, ese dinero salvaría nuestras carreras con holgura.”
“Usted primero, Small —observó el desconfiado Jones al salir de la habitación.”

Clásico·Novela policíaca
Arthur Conan Doyle
En la niebla del Londres victoriano, el detective más brillante de la historia descifra lo imposible mediante la pura deducción.

Clásico·Novela policíaca
Arthur Conan Doyle
El primer encuentro entre Sherlock Holmes y el doctor Watson desata una implacable cacería de venganza desde Londres hasta el desierto americano.

Clásico·Ficción detectivesca
Arthur Conan Doyle
Una maldición ancestral y una bestia espectral desafían la infalible lógica deductiva de Sherlock Holmes en los páramos de Devon.
Obra de dominio público (1890). Texto: Project Gutenberg #2097. La versión en español es una traducción asistida por IA y puede contener erratas. Edición digital de Inkora Stories. Más información