
Clásico·Novela corta
Ethan Frome
Edith Wharton
Bajo los implacables inviernos de Nueva Inglaterra, un deseo prohibido desafía las cadenas del deber y el aislamiento.

“¿Puede el amor sobrevivir al abismo entre la belleza del alma y la cruda realidad de las miradas?”
En las sombrías minas de Socartes, Marianela, una huérfana desfavorecida y de aspecto frágil, sirve de guía y consuelo para Pablo, un joven ciego de nacimiento perteneciente a una familia acaudalada. Entre ambos florece un vínculo íntimo sustentado en la imaginación poética y la devoción espiritual. Sin embargo, la llegada del doctor Teodoro Golfín, un oftalmólogo decidido a devolverle la vista a Pablo, desata el terror de la muchacha ante la posibilidad de que su amado descubra la verdad de su apariencia física. Galdós orquesta una conmovedora tragedia sobre la ilusión, el progreso y las crueldades de la percepción humana.
“Aquí tienes, Teodoro Golfín, el resultado de tu adelante, siempre adelante.”
“En vez de contestar, el ciego se detuvo, y dando al viento la voz con toda la fuerza de sus pulmones, gritó:”
“Aguarda, hija, no vayas tan a prisa —dijo Golfín deteniéndose— déjame encender un cigarro.”
“Toma, toma esta peseta que me dio esta noche un caballero, hermano de D. Carlos....”
“El martillo, dando porrazos uniformes, creaba formas nuevas tan duras como las geológicas, que son obra laboriosa de los siglos.”
“Voy a pedirle a mi padre que te deje vivir en mi casa, para que no te separes de mí.”
“¿Qué haces, Nela? —dijo el muchacho después de una pausa, no sintiendo ni los pasos, ni la voz, ni la respiración de su compañera.”
“Nela, tengo que hablarte de una cosa que te hará saltar de alegría —dijo el ciego, cuando estuvieron lejos de la casa.”
“Sí, sí, sí —afirmó la Nela con desvarío— yo soy hermosa, soy muy hermosa.”
“No te enfades, querida —replicó Golfín—; todos mis argumentos van a parar a un punto, y es que debías haberle comprado zapatos a la Nela.”
“Fue milagro de Dios que me salvara en aquel cuchitril inmundo, almacén de trapo viejo, de hierro viejo y de cuero viejo.”
“De modo que todo queda reducido a una simple catarata congénita —dijo el patriarca con afán.”
“Mira, hijito, el que me ha dado ese dinero andaba por las calles pidiendo limosna cuando era niño, y después....”
“Esta belleza era la Virgen María, adquisición hecha por ella en los dominios del Evangelio, que tan imperfectamente poseía.”
“¡Eh!... chiquilla —gritó la Señana con voz desapacible, como el más destemplado sonido que puede oírse en el mundo.”
“Esta para ti, primito —decía poniéndosela en la boca— y esta para ti, Nela.”
“A su tiempo se sabrá —dijo Teodoro, empezando la delicada operación del vendaje.”
“Y tú pensabas ir con ella, ¿no es eso?, es decir, que pensabas quitarte la vida.”
“¡Miedo!... ¡vergüenza! —exclamó la Nela con temor, abriendo mucho sus ojuelos.”
“Ya se ha enterado usted de gran parte de las maravillas del mundo visible.”
“Florentina, en los pocos días de su residencia allí, había dado a la habitación el molde, digámoslo así, de su persona.”
“Yo no sé lo que siento —añadió con turbación, torpe la lengua, pálido el rostro.”
“Algún positivista empedernido, criticona por esto; pero nosotros vemos en tan desusado hecho una prueba más de la delicadeza de su alma.”

Clásico·Novela corta
Edith Wharton
Bajo los implacables inviernos de Nueva Inglaterra, un deseo prohibido desafía las cadenas del deber y el aislamiento.

Clásico·Ficción literaria
F. Scott Fitzgerald
Entre las suntuosas fiestas de Long Island, un enigmático millonario persigue una quimera dorada tejida de añoranza y obsesión.

Novela Corta·Fantasía militar
Yara Rajná
Lo obligan a casarse con el comandante que aniquiló a su familia. Alguien acaba de darle el veneno.
Obra de dominio público (1878). Texto: Project Gutenberg #17340. La versión en inglés es una traducción asistida por IA y puede contener erratas. Edición digital de Inkora Stories. Más información