
Relato·Noir Histórico
La noche de los telegrafistas ciegos
Héctor Salcedo
El telégrafo de la línea transandina sigue transmitiendo a medianoche los nombres de pasajeros que nunca abordaron el tren.

“Adéntrate en el lado más oscuro y fascinante del romanticismo español con las historias de fantasmas y misterios imposibles de Gustavo Adolfo Bécquer.”
Publicadas de forma póstuma en 1871, las «Leyendas» de Gustavo Adolfo Bécquer constituyen la cumbre de la prosa fantástica y gótica en lengua española. Esta colección transporta al lector a ruinas medievales, templos sombríos y parajes apartados donde lo sobrenatural se cruza con la realidad más frágil. A través de una prosa de depurada belleza lírica, el autor indaga en los abismos de la pasión humana, la culpa y la muerte. Cada relato invoca un universo de espectros, apariciones milagrosas y secretos ancestrales que continúan hechizando a nuevas generaciones de lectores.
“No ha vuelto á parecer desde que colocaron el que ahora le sustituye.”
“Maese Pérez se ha puesto malo, muy malo, y será imposible que asista esta noche á la Misa de media noche.”
“Es un truhán, que por no hacer nada bien, ni aun mira á derechas —decían los unos.”
“¿Qué haces? —exclamó dirigiéndose á su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos.”
“¡Verdes! —exclamó Iñigo con un acento de profundo terror, é incorporándose de un salto en su asiento.”
“¿Dónde está Manrique, dónde está vuestro señor? —preguntaba algunas veces su madre.”
“Pero ¿y su hija? —interrumpió el joven impaciente—; ¿y su hija, ó su hermana, ó su esposa, ó lo que sea?”
“Da entrada á esta calle por uno de sus extremos, un arco macizo, achatado y oscuro, que sostiene un pasadizo cubierto.”
“Al escribirla, miré un momento la anterior, la de la ventana, y no pude menos de sonreirme de mi locura.”
“Hasta aquel momento no pude distinguir, entre las otras sombras confusas, cuál era la de la virgen que iba á consagrarse al Señor.”
“¿Pues qué le acontece á ese pobre diablo? —exclamó don Dionís con aire de curiosidad picada.”
“Y Garcés ¿dónde está? —preguntó Constanza, notando que su montero no se encontraba allí para servirla como tenía de costumbre.”
“Este extraño rumor sólo se dejó oir un instante, y después todo volvió á quedar en silencio.”
“Una tarde de verano, y en un jardín de Toledo, me refirió esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita.”
“Ese es, y cuando llegan á la Cabeza del Moro, desaparecen por la izquierda.”
“Margarita, para ti el amor es todo, y tú no ves nada más allá del amor.”
“Creyendo loco á su señor, no insistió, sin embargo, en contrariar sus ideas, y se limitó á decirle con voz profundamente conmovida:”
“No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido á él desde muy lejos.”
“Será el viento —dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse.”
“¡Un consejo! —exclamaron las muchachas con aire visible de mal humor.”
“¡Ni yo! ¡ni yo! —repitieron las demás, burlándose con risas de su credulidad de un momento.”
“¡Niña!... niña gentil, levanta tu cabeza, déjame en paz besar tu frente, en tanto que agito tus cabellos.”
“Yo soy músico —respondió el interpelado—, he nacido muy lejos de aquí, y en mi patria gocé un día de gran renombre.”
“Sin embargo, nada sobrenatural, nada extraño venía á herir la imaginación.”
“Yo he seguido algún tiempo la corriente del río, hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo y los juncos de la orilla.”
“¡Un favor! —exclamé yo, sin comprender cuáles podrían ser sus pretensiones.”
“¡Un rato de jarana! —exclamó mi interlocutor, con una expresión de asombro que yo no acertaba á explicarme entonces—; ¡un rato de jarana!”

Relato·Noir Histórico
Héctor Salcedo
El telégrafo de la línea transandina sigue transmitiendo a medianoche los nombres de pasajeros que nunca abordaron el tren.

Clásico·Terror gótico
Joseph Sheridan Le Fanu
Antes de Drácula, una enigmática huésped desató una fascinación tan irresistible como letal en un remoto castillo de Estiria.

Clásico·Terror psicológico
Henry James
En una solitaria mansión inglesa, una joven institutriz descubre que los dos niños a su cargo guardan un secreto siniestro.
Obra de dominio público (1871). Texto: Project Gutenberg #53552. La versión en inglés es una traducción asistida por IA y puede contener erratas. Edición digital de Inkora Stories. Más información