Leconte de Lisle
~3 min · 687 palabras
De las eternas musas el reino soberano recorres, bajo un soplo de vasta inspiración, como un rajah soberbio que en su elefante indiano por sus dominios pasa de rudo viento al son.
Tú tienes en tu canto como ecos de Océano; se ve en tu poesía la selva y el león; salvaje luz irradia la lira que en tu mano derrama su sonora, robusta vibración.
Tú del fakir conoces secretos y avatares; a tu alma dió el Oriente misterios seculares, visiones legendarias y espíritu oriental.
Tu verso está nutrido con sabia de la tierra; fulgor de Ramayanas tu viva estrofa encierra, y cantas en la lengua del bosque colosal.
Puede ajustarse al pecho coraza férrea y dura; puede regir la lanza, la rienda del corcel; sus músculos de atleta soportan la armadura... pero él busca en las bocas rosadas, leche y miel.
Artista, hijo de Capua, que adora la hermosura, la carne femenina prefiere su pincel; y en el recinto oculto de tibia alcoba obscura, agrega mirto y rosas a su triunfal laurel.
Canta de los oarystis el delicioso instante, los besos y el delirio de la mujer amante; y en sus palabras tiene perfume, alma, color.
Su ave es la venusina, la tímida paloma. Vencido hubiera en Grecia, vencido hubiera en Roma, en todos los combates del arte o del amor.
En su país de hierro vive el gran viejo, bello como un patriarca, sereno y santo. Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo, algo que impera y vence con noble encanto.
Su alma del infinito parece espejo; son sus cansados hombros dignos del manto; y con arpa labrada de un roble añejo, como un profeta nuevo canta su canto.
Sacerdote, que alienta soplo divino, anuncia en el futuro tiempo mejor. Dice al águila: «¡Vuela!» «¡Boga!» al marino,
y «¡Trabaja!» al robusto trabajador. ¡Así va ese poeta por su camino con su soberbio rostro de emperador!
Ya de un corintio templo cincela una metopa, ya de un morisco alcázar el capitel sutil, ya como Benvenuto, del oro de una copa forma un joyel artístico, prodigio del buril.
Pinta las dulces Gracias, o la desnuda Europa, en el pulido borde de un vaso de marfil, o a Diana; diosa virgen de desceñida ropa, con aire cinegético, o en grupo pastoril.
La musa que al poeta sus cánticos inspira no lleva la vibrante trompeta de metal, ni es la bacante loca que canta y que delira,
es el amor fogoso, y en el placer triunfal: ella al cantor ofrece la septicorde lira, o, rítmica y sonora, la flauta de cristal.
Tu cuarteto es cuadriga de águilas bravas que aman las tempestades, los Océanos; las pesadas tizonas, las férreas clavas, son las armas forjadas para tus manos.
Tu idea tiene cráteres y vierte lavas; del Arte recorriendo montes y llanos, van tus rudas estrofas jamás esclavas, como un tropel de búfalos americanos.
Lo que suena en tu lira lejos resuena, como cuando habla el bóreas, o cuando truena. ¡Hijo del Nuevo Mundo! la humanidad
oiga, sobre la frente de las naciones, la hímnica pompa lírica de tus canciones que saludan triunfantes la Libertad.
INDICE
Págs.
A don Rubén Darío 5
El Rey Burgués 35
El sátiro sordo 45
La ninfa 55
El fardo 65
El velo de la reina Mab 75
La canción del oro 83
El rubí 93
El palacio del Sol 105
El pájaro azul 115
Palomas blancas y garzas morenas 125
EN CHILE
En busca de cuadros 137
Acuarela 139
Paisaje 141
Agua fuerte 142
La Virgen de la Paloma 143
La cabeza 144
Acuarela 145
Un retrato de Watteu 147
Naturaleza muerta 149
Al carbón 150
Paisaje 151
El ideal 152
La muerte de la emperatriz de la China 157
A una estrella 171
EL AÑO LÍRICO
Primaveral 177
Estival 182
Autumnal 189
Invernal 193
Pensamiento de Otoño 199
A un poeta 203
Anagke 205
SONETOS
Caupolicán 209
Venus 210
De invierno 211
MEDALLONES
Leconte de Lisle 215
Catulle Mendes 216
Walt Whitman 217
J. J. Palma 218
Salvador Díaz Mirón 219
Fin del Episodio 21 · de 21
Leconte de Lisle
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