
Clásico·Terror gótico
La caída de la casa Usher
Edgar Allan Poe
Una llamada desesperada conduce a una mansión decadente donde el linaje familiar y la cordura se desmoronan inexorablemente.
Cuentos de amor, de locura y de muerte
Obra completa

“Donde la pasión roza el abismo y la fragilidad humana choca contra la implacable brutalidad de la naturaleza.”
Publicada en 1917, esta obra cumbre del maestro rioplatense reúne relatos donde la fatalidad acecha en los parajes más recónditos de la selva misionera. Con una tensión implacable, Horacio Quiroga explora los límites extremos de la psique humana, el delirio febril y el amor llevado hasta sus consecuencias más trágicas. Cada página de este volumen inmortal sumerge al lector en un universo donde lo cotidiano se quiebra de manera fulminante ante el acecho de la muerte.
“¡Qué encanto! —murmuró, quedando inmóvil con una rodilla sobre al almohadón del surrey.”
“Una tarde, después de almorzar, en que pasaba por lo de Arrizabalaga, había sentido loco deseo de verla.”
“¿No sabes, Lidia? —prorrumpió alborozada, al volver su hija— Octavio nos invita a pasar una temporada en su establecimiento.”
“No crea en esas sacudidas —me dijo Zapiola con aire tranquilo y serio.”
“Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada.”
“El, un marido cualquiera, y tal vez por su mercantil vulgaridad y la diferencia de año con su mujer, menos que cualquiera.”
“Un ataúd ha quedado abierto tras la verja, y a su lado, sobre la arena, el esqueleto del hombre que estuvo encerrado en él.”
“El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos.”
“Los buques se detienen, por fin, aquí o allá, inmóviles para siempre en ese desierto de algas.”
“Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío.”
“Es un grito corto, metálico, de agonía, como si el animal boqueara ya, y todo él empapado en cuanto de lúgubre sugiere un animal rabioso.”
“La mordedura era nítida, dos agujeros violeta, que oprimí con todas mis fuerzas, y lavé con permanganato.”
“Saltó adelante, y al volverse con un juramento, vió una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.”
“Se detuvo en la linde del pasto, estiró al monte, entrecerrando los ojos, la nariz vibrátil y, se sentó tranquilo.”
“Esto sí, de adentro, muy cerca aún, el maligno malacara respondía a sus desesperados relinchos, con un relinchillo a boca llena.”
“Bueno; haga lo posible porque no entre, porque si pasa se va a lastimar.”
“Cayetano Maidana y Esteban Podeley, peones de obraje, volvían a Posadas en el Silex, con quince compañeros.”
“Hasta mañana —se alejó Podeley apresurando el paso, porque en los talones acababa de sentir un leve cosquilleo.”
“Giró nuevamente alrededor, resopló en un intersticio, y, para honor de la raza, rascó un instante el bloque ardiente.”
“Fragoso, preocupado con la ruina del rozado y disgustos con el propietario de su tierra, no tenía humor para cazar, ni aún por hambre.”
“Sí, mucho ruido —asintió míster Hall, que hallaba no desprovistas de profundidad las observaciones de su visitante.”
“Acaso, sin embargo, la aventura de los dos robinsones fuera más formal, a haber tenido como teatro otro bosque menos dominguero.”
“Esa misma tarde salimos de casa, instalándonos en la única que pudimos hallar con tanta premura, una vieja quinta de los alrededores.”
“Pero en ese instante salía yo como de una honda por la puerta abierta, y disparaba hacia la quinta, con mi tío detrás.”
“Veamos, Durán: Vd. comprende de sobra que no he venido a verlo a esta hora para hablarle de pavadas; ¿no es cierto?”
“Pero, en fin —objeté—, siempre una enfermedad cerebral...”
“Hay, sin embargo, una cosa absolutamente cierta, y es ésta: María Elvira puede no recordar lo que sintió en sus días de fiebre, admito esto.”

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Una imaginación indomable transforma la apacible vida de Avonlea cuando una niña pelirroja y huérfana llega por error.

Clásico·Literatura juvenil
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Una niña huérfana y agria halla refugio en un páramo inglés, donde un jardín amurallado aguarda su renacimiento.
Obra de dominio público (1917). Texto: Project Gutenberg #13507. La versión en inglés es una traducción asistida por IA y puede contener erratas. Edición digital de Inkora Stories. Más información