Humpty Dumpty · II
~7 min · 1381 palabras
Cuando hago trabajar tanto a una palabra —dijo Humpty Dumpty—, siempre le pago horas extraordinarias.
—¡Caramba! —exclamó Alicia. Estaba demasiado perpleja para hacer cualquier otro comentario.
—¡Ah, tendrías que verlas arremolinarse a mi alrededor los sábados por la noche —continuó Humpty Dumpty, sacudiendo la cabeza con aire solemne de un lado a otro—, para cobrar su soldada, ya sabes!
(Alicia no se atrevió a preguntarle con qué moneda les pagaba; de modo que, como comprenderán, yo tampoco puedo contárselo a ustedes).
—Parece usted sumamente ducho en explicar palabras, caballero —dijo Alicia—. ¿Tendría la gentileza de explicarme el significado del poema titulado «Jabberwocky»?
—Oigámoslo —dijo Humpty Dumpty—. Soy capaz de explicar todos los poemas que se han inventado jamás... y una buena porción de los que aún están pendientes de invención.
Aquello sonaba muy prometedor, así que Alicia recitó la primera estrofa:
Bribillaba, y los tovos agilimosos giroteaban y barrenaban en la uaba; todos mismisios estaban los borogovos, y las momias ratas deschiflaban.
—Con eso basta para empezar —la interrumpió Humpty Dumpty—: ya hay un buen fajo de palabras difíciles ahí. «Bribillaba» significa las cuatro de la tarde... la hora en que se empieza a asar la carne para la cena.
—Me parece muy acertado —dijo Alicia—; ¿y «agilimosos»?
—Bueno, «agilimosos» significa «ágiles y limosos». «Ágiles» equivale a vivos y movedizos. ¿Ves?, es como una maleta portmanteau: hay dos significados metidos a presión dentro de un solo vocablo.
—Ahora lo veo claro —apuntó Alicia pensativa—; ¿y qué son los «tovos»?
—Bueno, los «tovos» tienen cierto parecido a los tejones... también se parecen un poco a los lagartos... y tienen bastante aspecto de sacacorchos.
—Deben de ser unas criaturas de aspecto sumamente curioso.
—Vaya si lo son —asintió Humpty Dumpty—; además, anidan bajo los relojes de sol... y se alimentan de queso.
—¿Y qué es «girotear» y «barrenar»?
—«Girotear» es dar vueltas y más vueltas como un giroscopio. «Barrenar» es hacer agujeros taladrando como con una barrena.
—¿Y «la uaba» es la parcela de hierba que hay alrededor de un reloj de sol, supongo? —dijo Alicia, sorprendida de su propio ingenio.
—Pues claro que sí. Se llama «uaba», ya sabes, porque se extiende un buen trecho por delante y un buen trecho por detrás...
—Y otro buen trecho a cada lado —completó Alicia.
—Exactamente. Y luego, «mismisios» significa «míseros y endebles» (ahí tienes otra maleta con dos sentidos). Y un «borogovo» es un pájaro flaco y deslucido, con las plumas erizadas en todas direcciones... algo parecido a una fregona viva.
—¿Y qué me dice de las «momias ratas»? —preguntó Alicia—. Mucho me temo que le estoy dando un trabajo tremendo.
—Bueno, una «rata» es una especie de cerdo verde; pero con lo de «momia» no estoy del todo seguro. Sospecho que es una abreviatura de «lejos de casa», queriendo decir que se habían extraviado, ya me entiendes.
—¿Y qué significa «deschiflaban»?
—Bueno, «deschiflar» es una especie de cruce entre bramar y silbar, con una especie de estornudo en medio; comoquiera que sea, tal vez lo oigas por ahí... allá abajo en el bosque... y una vez que lo oigas quedarás completamente satisfecha. ¿Y quién te ha estado recitando todas esas cosas tan difíciles?
—Lo leí en un libro —contestó Alicia—. Pero también me recitaron otras poesías mucho más fáciles de entender, me parece que fue Tweedledee.
—En materia de poesía —declaró Humpty Dumpty, extendiendo una de sus enormes manos—, yo puedo recitar versos tan bien como cualquier otro, si a eso vamos...
—¡Oh, no hace ninguna falta llegar a tales extremos! —se apresuró a decir Alicia, con la esperanza de evitar que empezara.
—La pieza que voy a recitar —prosiguió él sin atender a la protesta de la niña— fue compuesta enteramente para tu deleite y solaz.
Alicia sintió que en tal circunstancia tenía la verdadera obligación de escuchar, de modo que tomó asiento y dijo: «Muchas gracias», con un tono más bien resignado.
—En invierno, cuando los campos son blancos, canto esta copla para tu solaz...
—Solo que no la canto —aclaró él a modo de advertencia.
—Ya veo que no —dijo Alicia.
—Si puedes ver si canto o no, tienes la vista más aguda que la mayoría —repuso Humpty Dumpty con severidad. Alicia optó por callar.
—En primavera, cuando los bosques reverdecen, trataré de explicarte lo que quiero decir.
—Muchísimas gracias —dijo Alicia.
—En verano, cuando los días son largos, tal vez comprendas mi canción:
—En otoño, cuando las hojas son pardas, toma pluma y tinta, y escríbela en un papel.
—Lo haré, si logro recordarla tanto tiempo —dijo Alicia.
—No hace falta que sigas haciendo apostillas de ese tenor —atajó Humpty Dumpty—: no demuestran sensatez y me desconciertan por completo.
—Envié un recado a los pececillos: les dije: «Esto es lo que deseo».
—Los pececillos del mar profundo me enviaron de vuelta su contestación.
—Y la respuesta de los pececillos fue: «No podemos hacerlo, señor, porque...».
—Mucho me temo que no termino de comprender —dijo Alicia.
—Se vuelve más sencillo más adelante —repuso Humpty Dumpty.
—Les envié recado de nuevo para advertir: «Más les valdrá obedecer».
—Los peces respondieron con socarronería: «¡Vaya humor de mil demonios que tiene usted!».
—Se lo advertí una vez, se lo advertí dos veces: no quisieron hacer caso de mi consejo.
—Tomé una marmita grandota y nueva, hecha a propósito para la hazaña que iba a emprender.
—Mi corazón daba brincos, mi pecho latía con fuerza; llené la caldera en la bomba de agua.
—Entonces vino alguien y me dijo: «Los pececillos están durmiendo en la cama».
—Le dije con toda claridad y firmeza: «En ese caso debes ir a despertarlos otra vez».
—Se lo dije a voces, con gran estruendo; me acerqué a su oreja y le pegué un alarido.
Humpty Dumpty alzó la voz hasta casi convertirla en un grito pelado al recitar este verso, y Alicia pensó con un estremecimiento: «¡Por nada del mundo me habría gustado ser yo ese mensajero!».
—Pero él era un tipo tieso y estirado; me contestó: «¡No hace falta que grite con semejante furia!».
—Y era tan tieso como orgulloso; me dijo: «Iba a despertarlos, siempre y cuando...».
—Tomé un sacacorchos de la repisa: y me fui yo mismo a ponerlos en pie.
—Y al ver que la puerta estaba con cerrojo, tiré, empujé, di patadas y aporreé el madero.
—Y al comprobar que la puerta estaba trancada, intenté hacer girar el picaporte, pero...
Se produjo una prolongada pausa.
—¿Eso es todo? —preguntó tímidamente Alicia.
—Eso es todo —sentenció Humpty Dumpty—. Adiós.
Aquello resultaba un tanto brusco, pensó Alicia; pero, tras una indirecta tan sumamente categórica de que debía marcharse, comprendió que quedarse allí no tendría nada de cortés. De modo que se levantó y le tendió la mano. —¡Adiós, hasta que volvamos a vernos! —le deseó con el tono más risueño que pudo.
—No te reconocería de nuevo aunque volviéramos a encontrarnos —repuso Humpty Dumpty con descontento, ofreciéndole un dedo para que lo estrechara—; eres exactamente igual a todas las demás personas.
—Por lo general, la gente se guía por el rostro —señaló Alicia con aire reflexivo.
—¡De eso es de lo que me quejo precisamente! —exclamó Humpty Dumpty—. Tu cara es idéntica a la que tienen todos: dos ojos, aquí y allá —marcando sus posiciones en el aire con el pulgar—, la nariz en medio, la boca abajo. Siempre lo mismo. Si al menos tuvieras los dos ojos en el mismo lado de la nariz, por ejemplo... o la boca en la frente... eso serviría de alguna ayuda.
—No quedaría nada bonito —objetó Alicia. Pero Humpty Dumpty se limitó a cerrar los ojos y añadir—: Espera a haberlo probado primero.
Alicia aguardó un minuto a ver si decía algo más, pero al comprobar que no volvía a abrir los ojos ni le hacía el menor caso, le soltó otro «¡Adiós!» y, no recibiendo respuesta alguna, se marchó de allí con paso tranquilo; pero no pudo evitar decirse mientras se alejaba: «De todas las personas insoportables...» (lo repitió en voz alta, pues le producía un enorme consuelo pronunciar una palabra tan larga) «...de todas las personas insoportables que he conocido en toda mi vida...». Jamás llegó a terminar la frase, pues en ese preciso instante un estrépito descomunal sacudió el bosque de un confín a otro.
Fin del Episodio 12 · de 19
Humpty Dumpty · II
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