Alicia en el país de las maravillas·Episodio 07

Una merienda de locos

~3 min · 548 palabras

Había una mesa puesta bajo un árbol delante de la casa, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero estaban tomando el té en ella; entre los dos estaba sentado un Lirón, profundamente dormido.

Una merienda de locos.
Una merienda de locos.John Tenniel · 1865

La mesa era grande, pero los tres estaban apiñados en una sola esquina. —¡No hay sitio! ¡No hay sitio! —gritaron en cuanto vieron venir a Alicia. —¡Hay muchísimo sitio! —dijo Alicia indignada, y se sentó en un gran sillón en un extremo de la mesa.

El Sombrerero abrió los ojos de par en par al oír esto, pero lo único que dijo fue: —¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?

—Me alegro de que hayan empezado a proponer adivinanzas... Creo que puedo acertar esa —añadió en voz alta.

—¿Quieres decir que crees que puedes encontrar la respuesta? —dijo la Liebre de Marzo.

—Exactamente —dijo Alicia.

—Pues entonces deberías decir lo que quieres decir —continuó la Liebre de Marzo.

—Ya lo hago —respondió Alicia apresuradamente—; al menos... al menos quiero decir lo que digo... que es lo mismo, ¿sabe usted?

—¡Igual podrías decir —añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños— que «respiro cuando duermo» es lo mismo que «duermo cuando respiro»!

—En tu caso es lo mismo —dijo el Sombrerero, y le echó un poco de té caliente sobre la nariz. El Lirón sacudió la cabeza con impaciencia y dijo, sin abrir los ojos—: Por supuesto, por supuesto; justo lo que iba a decir yo.

—¿Has adivinado ya la adivinanza? —dijo el Sombrerero, volviéndose de nuevo hacia Alicia.

—No, me rindo —respondió Alicia—. ¿Cuál es la respuesta?

—No tengo la menor idea —dijo el Sombrerero.

—Ni yo tampoco —dijo la Liebre de Marzo.

Alicia dio un suspiro de cansancio. —Creo que podrían hacer algo mejor con el tiempo —dijo— que perderlo proponiendo adivinanzas que no tienen respuesta.

—Toma un poco más de té —le dijo la Liebre de Marzo a Alicia, con toda seriedad.

—Todavía no he tomado nada —respondió Alicia en tono ofendido—, así que no puedo tomar más.

—Querrás decir que no puedes tomar menos —dijo el Sombrerero—; es muy fácil tomar más que nada.

Ante esto, Alicia se levantó y se marchó. El Lirón se quedó dormido al instante y ninguno de los otros dos prestó la menor atención a su partida, aunque ella miró hacia atrás una o dos veces; la última vez que los vio, estaban tratando de meter al Lirón en la tetera.

—¡Sea como fuere, no volveré allí jamás! —dijo Alicia mientras se abría paso por el bosque—. ¡Es la merienda más estúpida a la que he ido en toda mi vida! Justo cuando decía esto, advirtió que uno de los árboles tenía una puerta que daba directamente a su interior. «¡Qué curioso!», pensó. «Creo que será mejor que entre de una vez». Y adentro entró.

Una vez más se encontró en el largo vestíbulo y cerca de la mesita de cristal. Tomando la llavecita de oro, abrió la puerta que daba al jardín. Luego se puso a mordisquear la seta (había guardado un pedazo en el bolsillo) hasta medir más o menos un pie de altura; después echó a andar por el estrecho pasadizo; y entonces... se encontró por fin en el hermoso jardín, entre los brillantes parterres de flores y las frescas fuentes.

Fin del Episodio 7 · de 10

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