-Iii- · V
~3 min · 511 palabras
No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.... Ea, sosiéguese: a mí se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel. El marqués no inventó la pólvora, es cierto que no, y la moza se distraerá con los de su clase cuanto quiera, dígalo el bailoteo en la gaita de hoy; pero no iba a tener la desvergüenza de pegársela en sus barbas, con el mismo capellán.... Hombre, no hagamos tan estúpido al marqués.
Julián se volvió, más bien arrodillado que sentado en la grama, con los ojos abiertos de par en par.
—Pero... el señorito..., ¿qué tiene que ver el señorito...?
El cura de Naya saltó a su vez, sin que ninguna mosca le picase, y prorrumpió en juvenil carcajada. Julián, comprendiendo, preguntó nuevamente:
—Luego el chiquillo... el Perucho....
Tornó don Eugenio a reír hasta el extremo de tener que limpiarse los lagrimales con el pañuelo de cuadros.
—No se ofenda... —murmuraba entre risa y llanto—. No se ofenda porque me río así.... Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la risa; un día hasta me puse malo.... Esto es como las cosqui... cosquillas... involuntario....
Aplacado el acceso de risa, añadió:
—Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro patrón San Julián..., pero esto pasa de castaño oscuro.... ¡Vivir en los Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! ¿O es que quiere hacerse el bobo?
—A fe, no sospechaba nada, nada, nada. ¿Usted piensa que iba a quedarme allí ni dos días, caso de averiguarlo antes? ¿Autorizar con mi presencia un amancebamiento? ¿Pero... usted está seguro de lo que dice?
—Hombre.... ¿tiene usted gana de cuentos? ¿Es usted ciego? ¿No lo ha notado? Pues repárelo.
—¡Qué sé yo! ¡Cuando uno no está en la malicia! Y el niño..., ¡infeliz criatura! El niño me da tanta compasión.... Allí se cría como un morito.... ¿Se comprende que haya padres tan sin entrañas?
—Bah.... Esos hijos así, nacidos por detrás de la Iglesia.... Luego, si uno oye a los de aquí y a los de allá.... Cada cual dice lo que se le antoja.... La moza es alegre como unas castañuelas; todo el mundo en las romerías le debe dos cuartos: uno la convida a rosquillas, el otro a resolio, éste la saca a bailar, aquél la empuja.... Se cuentan mil enredos.... ¿Usted se ha fijado en el gaitero que tocó hoy en la misa?
—¿Un buen mozo, con patillas?
—Cabal. Le llaman el Gallo de mote. Pues dicen si la acompaña o no por los caminos.... ¡Historias!
Por detrás de la tapia del huerto se oyó entonces vocerío alegre y argentinas carcajadas.
—Son las primas... —dijo don Eugenio—. Van a la gaita, que está tocando en el crucero ahora. ¿Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa el disgusto.... Ahí en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca sobre la comida.
—Vamos allá —contestó Julián, que se había quedado ensimismado.
—Nos sentaremos al pie del crucero.
Fin del Episodio 8 · de 43
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