El sabor del agua vieja
~2 min · 359 palabras
El agua en los grifos de la ciudad sabía a hierro, a ceniza de chimenea y a piedra caliza hervida tres veces. Hacía dos mil quinientos cincuenta y cinco días que no caía del cielo ni una brizna de humedad, y sin embargo, los habitantes de San Telmo del Viento seguían tendiendo pañuelos blancos en los tejados al anochecer, como si la noche pudiera apiadarse de su blancura y devolverles un rocío que ya nadie sabía nombrar.
Vera abrió el postigo del taller de relojería con el cuidado de quien manipula una porcelana resquebrajada. Afuera, el bulevar de los Tilos lucía un polvo fino y dorado que se adhería a las pestañas y al cuello de los abrigos. A lo lejos, suspendida a trescientos metros sobre la cúpula mayor del observatorio astronómico, la Gota flotaba: inmensa, translúcida, un diamante líquido del tamaño de un carruaje que desafiaba la gravedad y el sentido común.

—Sigue ahí —murmuró su abuelo desde el fondo del taller, sin levantar la lupa del áncora de un reloj de pared—. Siete años mirándonos sin caer. Es una insolencia del aire.
Vera se miró las palmas de las manos. Al despertar, las sábanas de su lecho estaban secas, pero sus dedos conservaban una frialdad húmeda, un tacto de musgo y manantial que desaparecía en cuanto pisaba el suelo de pino encerado. Había soñado con un estanque cubierto de hojas de nogal y una voz de mujer que le decía: «No bebas de la memoria ajena si no estás dispuesta a ahogarte en ella».
Tomó el frasco de vidrio ámbar donde guardaba el reactivo de cloruro y salió al callejón. En la esquina del mercado central, el pregonero municipal anunciaba el racionamiento de la semana: dos cuartos de azumbre por familia registrada. Nadie protestaba. El silencio era la costumbre más arraigada de la sequía.
Vera apresuró el paso hacia la plaza del Obelisco Seco. Sabía que antes del mediodía, cuando la luz golpeara el ángulo exacto de la Gota, el reflejo proyectaría sobre la fachada del archivo histórico la silueta de lo que la ciudad había perdido: un río que ya no figuraba en ningún mapa moderno.
Tú decides
¿Qué camino debe tomar Vera al cruzar el mercado?
Lo que encuentre la acompañará hasta el final.
Fin del Episodio 1 · de 3
El sabor del agua vieja
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